Arnaldo Otegi se va, desbordado por las circunstancias
En estas últimas semanas estamos asistiendo a una sucesión de hechos que bien pueden levantar un ápice de ánimo en lo que al posible principio del fin de ETA se refiere. Primero nos llegó la buena noticia de la desarticulación del comando Vizkaya, el más sólido que más daño ha hecho después de la ruptura de la tregua. Después se medio desveló un secreto a voces, que es el profundo malestar de un porcentaje importante de los presos de ETA, quienes se muestran enormemente críticos con la estrategia están siguiendo los postadolescentes descerebrados y fanáticos con menos coeficiente intelectual que se haya conocido nunca que llevan hoy día las riendas de la banda. Y por último, la decisión de Arnaldo Otegi de dejar el “liderazgo” de la izquierda abertzale (si esque alguna vez este hombre la ha representado en su totalidad) y que merece ser analizada detenidamente.
Otegi procede de ETA político-militar, en la que militó hasta los inicios de los años 80. Nunca estuvo de acuerdo con la manera en que se disolvió esa organización y discrepó de las declaraciones de su brazo político, Euskadiko Ezkerra (cuyos portavoces fueron Juan María Bandrés y Mario Onaindia), sobre la continuidad de ETA político-militar. Siempre ha defendido, y ahora mantiene la misma tesis, que estas cuestiones hay que dirimirlas en los ámbitos internos y no llevarlas al debate público. De ahí que no quepa esperar ninguna declaración crítica suya hacia la actual estrategia de ETA cuando salga de la cárcel.
Siempre he considerado a Otegi, dentro de lo que cabe, un hombre inteligente, y abierto al diálogo, pero continuamente desbordado por las presiones y atropellos que se le han cometido por ambos bandos. desde la justicia española, aún tiene varias condenas pendientes por su complicidad con entornos próximos a ETA, y desde ETA, continuas presiones e intransigencias tercas por parte de quienes llevan las riendas, inpidiéndole posicionarse claramente hacia un proceso de fin dialogado de ETA con el Gobierno.
Esta ha sido sin duda la gota que colmó el vaso para decidir bastante quemado que abandona la política activa. Otegi inició con mucha energía y optimismo el proceso de paz con el PSE, donde ambas partes parecían compartir la intención de acabar con ETA de forma dialogada, luego llegaron las reacciones, la mitad de la sociedad española se oponía a ese proceso llamándolo rendición y claudicación, prefiriendo que siguera habiendo víctimas inocentes antes que dialogar, y por la otra parte, gente de pocas luces como Pernando Barrena se atrevía a ponerse en tono chulesco exigiendo mucho y aportando nada, y de muy malas maneras, el proceso se paralizó, llegó el atentado de la T-4 y con él, muchas dudas, donde se empezaba a cuestionar el liderazgo de Otegi, cuando dio esa rueda de prensa en la que parecía que era el último mono en haberse enterado de que ETA había puesto una bomba , y donde se empezaba a vislumbrar ya la división interna en la propia banda terrorista.
luego llegó el fin oficial de la tregua de ETA, y con ella la venganza del gobierno, donde detuvo a toda Batasuna, y el encarcelamiento de Arnaldo Otegi durante 15 meses, quien de forma privada fue muy crítico con la dirección de ETA por romper la tregua, y mas tarde, su total desacuerdo con el asesinato de Isaias Carrasco, finalmente quedando en evidencia el poco apoyo desde la izquierda independentista hacia su lider, desde la cual nunca se movilizó nadie para pedir su excarcelación.
Así, Otegi abandona el barco, supongo que quemado y asqueado, siendo consciente de que esta rueda del odio que se inició desde hace más de 100 años siendo ETA el resultado de todas las cosechas sembradas por el conflicto, tiene una muy dificil solución, o al menos, una solución lejana.
